El déficit histórico en la producción de trigo en Bolivia provoca que el precio de la harina, principal ingrediente del pan –elemento esencial en la alimentación de los bolivianos-, dependa de la oferta en el mercado exterior y por consiguiente de los precios internacionales.

En 2007-2008, la crisis internacional que afectó la economía mundial causó una escalada en el precio de los alimentos. El del trigo se incrementó a niveles preocupantes, hecho que amenazó con afectar directamente la economía de la familia boliviana.

El Gobierno Nacional del Presidente Evo Morales tomó dos determinaciones para enfrentar la situación: una a corto plazo, la importación de harina de trigo, tarea que fue encomendada a Insumos Bolivia, y la otra a largo plazo: el incremento en la producción del grano en el país para eliminar la dependencia del mercado internacional.

Insumos Bolivia compró e importó el producto a precios internacionales y lo comercializó a precios preferenciales. En una primera etapa, los beneficiarios directos fueron los panificadores y gracias a esta estrategia se estabilizó el precio del pan de batalla a Bs. 0.40 con un peso de 65 gramos. Incluso, en algunas regiones, como Trinidad, bajó de 0.50 ctvs. a 0.40 ctvs.

Para garantizar que la harina llegue a los panificadores, que a su vez asegurarían la venta de pan a Precio y Peso Justo a la población, se firmó contratos individuales, en los cuales cada uno de ellos priorizó la cantidad de harina que necesitaba y se comprometió a no revender el producto, caso contrario sería pasibles a fuertes sanciones. El 16 de octubre de 2008, se firmó el primer contrato representativo con el presidente de la Confederación Nacional de Panificadores de Bolivia, Juan Carlos Apaza. De esta forma se evitó que la harina sea desviada.

Adicionalmente, se importó manteca (insumo necesario para elaborar pan), toda vez que su precio -que también depende del mercado internacional-, se incrementó. Se trató de latas de 17 kilos que fueron entregadas también a precios preferenciales a los panificadores, bajo el mismo mecanismo que la harina.

En ambos casos, el trabajo de Insumos Bolivia se caracterizó por la capacidad de respuesta en función a las necesidades del mercado, importando productos estratégicos que estaban sujetos a la especulación por el mercado formal e informal, interno y externo.

El 19 de julio de 2009, Insumos Bolivia, en coordinación con el Ministerio de Desarrollo Productivo, amplió a toda la población el beneficio de la comercialización de harina -en bolsas de cinco kilos- a Precio y Peso Justo. Para entonces, la medida asumida con la provisión directa a los panificadores, reguló el precio en el mercado, por lo que se consideró que ya no existía riesgo de especulación y contrabando por terceros.

En un mercado estabilizado en cuanto a provisión y precios, no se hizo necesaria la presencia de Insumos Bolivia, que dio un paso al costado y cedió el camino a las políticas de incremento en la producción de trigo y aprovisionamiento del producto a los panificadores a partir de la molienda del grano producido en el país.

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